Calilla. Capítulo 1: La llegada.


Después de tanto tiempo anunciandolo, por fin ha llegado el día. Hoy podréis leer el primer capítulo de Calilla. Podéis seguirno en twitter @1frentealmundo y también podéis opinar sobre este primer capítulo en twitter con este hagstag #Calilla  . Además , también modéis dar a Me gusra en nuestra página de Facebook donde damos muchas sorpresas. No os hago esperar más. Recordaros que estos capítulos tiene todos los derechos reservados por el autor y no se pueden utilizar con fines económicos ni de cualquier otro tipo.

Capítulo 1

La llegada.

Después de 6 meses de la muerte de mi madre, mi tío me convenció para ir a Calilla, un pueblo de Valencia, maravilloso. Con gente amable, casas preciosas, huertos llenos de naranjos y sobretodo el inconfundible olor del azahar.

Estaba en Edimburgo, donde me había criado. Me costaba abandonar una ciudad en la que había vivido tantas cosas: amores, desamores, nacimientos y lo que más me marcó en toda mi vida, la muerte de mi madre. Se llamaba Catalina, era la mejor madre del mundo. Mi padre desapareció cuando yo nací, desde entonces no quise saber nada de él, aunque en estos últimos años había intentado acercarse a mí. Por eso mi madre me tubo que criar sola, una mujer maravillosa, ella sí que podía ir a con la cabeza bien alta, no como mi padre que no sabía dónde estaba, ni tampoco me interesaba.

Después de 15 horas de viaje desde la última parada, ya estábamos pisando tierras de Valencia pero todavía quedaban 30 kilómetros. El viaje fue un encanto la verdad, solo sol. Lo que pasa es que la compañía no era del todo perfecta. Mi tío, Alexander,  era un rico comerciante inglés y desde pequeño había estado muy atado a él. Al ser rico, el me pago el viaje de ida, iba en su carro privado y mi tío aprovecho esa viaje para traer a uno de sus mejores trabajadores de Edimburgo.

El tiempo pasaba y cada vez nos acercábamos más a Calilla, se sabía por el olor inconfundible de azahar y porque cada vez había más gente. Pero hubo un momento en el que no había nadie, solo tres personas vestidas de monjes y con la capucha de su traje puesta. El conductor del carro se paró porque aquellas tres personas estaban obstaculizando nuestro paso.

-Perdonen señores ¿Se pueden apartar?- Dijo el conductor del carro.

-Claro- Dijo uno de los monjes.

Entonces uno se destapo e iba con la cara tapada y dijo:

– claro, cuando todos ustedes nos den las joyas que lleven encima.

El otro monje apuntándonos con una pistola nos hizo bajar a todos del carro, mientras uno de los otros dos hizo que el conductor del carro le diese todas las joyas.

-Bueno ahora finolis ya tenemos vuestras joyas así que ya os podéis ir-dijo un bandolero.

Estuvimos unos cinco minutos parados porque teníamos el susto en el cuerpo.

Yo, no estaba asustado, estaba alucinado, en ese enfrentamiento con los bandoleros observe que un bandolero no era un chico, era una chica, tenía unos ojos preciosos y lo demás no lo pude ver porque tenía el rostro tapado. El conductor del carro me llamó para subir al carro, quedaban solo cinco minutos para llegar a Calilla. Esos cinco minutos me pasaron muy rápidos porque estuve todo el rato pensando en esa bandolera de los ojos preciosos.

Llegamos a la plaza mayor de Calilla, todas las mujeres que pasaban y estaban limpiando en el lavador, se levantaron para ver el carro tan sofisticado que llegaba a la plaza. De allí bajé yo, Richard Raymond, el sobrino del Alexander Hafly. En una esquina de la plaza hablando con un señor que tenía pinta de ser alguien importante, estaba mi tío. Cuando me vio, se vino a buscarme.

-¡Richard! ¿Cómo estás? ¿Qué tal el viaje?- Dijo mi tío.

– Tío Alexander- Le abracé- Muy bien, el viaje un encanto excepto por – En ese momento me paré. Entre tanta gente en la plaza, vi entrar por una de sus calles a una señora vestida muy elegantemente y en ese momento cruzamos las miradas y me di cuenta de que era ella, la bandolera que nos había atacado.

– ¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

– Nada… el sol que nos daba mucha calor y el trayecto ha sido muy largo para hacerlo todo de una tirada.- Intenté defenderme como pude.

-¿Has traído las joyas que te dije que me trajeses de mi casa?

– Bueno… Sí, las joyas… están…

-¿Dónde están las joyas?- Dijo rotundamente mi tío.

– Está bien tío. El por de antes  era porque cuando hemos llegado a lo que supongo que serán las afueras de Calilla, unos bandoleros vestidos de mojes nos han atacado y nos han quitado las joyas por eso hemos llegado un poco más tarde de lo previsto.

-¿Por qué no me lo has dicho nada más has llegado? Voy a saludar a tu acompañante e iré rápidamente al cuartel a denunciar ese robo y ataque de los bandoleros, o mejor ve tú. Así conocerás mejor el pueblo.

-Pero, tío no sé dónde está la comisaría. He pasado muchos veranos aquí pero no para saberme como es el pueblo de memoria.

– ¿Ves la calle donde está esa mujer rubia muy guapa? Pues tienes que ir por esa calle todo recto hasta el final, cuando llegues al final giras a mano derecha y ya la verás.

– Vale tío, y ¿Cómo se llama la señorita esa?

– Cuando vuelvas te lo diré, no quiero que te entretengas con nadie, cuando más rápido avises a la policía mejor para todos. Cuando llegues a la comisaría di que eres mi sobrino.

-Vale, eso haré, Adiós.

Me fui por donde me dijo mi tío y en la esquina estaba aquella chica, era más preciosa de cerca, intente tropezar con ella para que así nos pudiésemos presentar pero al verme acercarme a ella, se adentró en una panadería que había. Yo continué mi camino hasta el cuartel de la Guardia Civil, no me acordaba de lo bonito que era ese pueblo. Llegué al cuartel, allí estaba un Guardia Civil. Entré, y ese hombre me miró de arriba abajo, se ve que en ese pueblo no solía haber mucha gente vestida con la ropa que yo llevaba.

-Buenas Tardes. Mi nombre es Richard Raymond, soy el sobrino del Señor Alexander Hafly.

-Buenas tardes, Bienvenido sea al Cuartel de la Guardia Civil y al pueblo de Calilla, mi nombre es Roberto Rodríguez y soy el capitán de la Guardia Civil de este pueblo. ¿Cómo que eres el sobrino del Señor Alexander Hafly? Tu tío es uno de los señores más respetador de este pueblo y gracias a él mucha gente de este pueblo tiene trabajo.- Dijo el capitán.

– Lo sé, pero él no ha podido venir ahora porque tenía que hacer unas cosas mientras yo venía a comunicarle, que en mi viaje de ida a Calilla he podido observar la cantidad de efectivos que tiene usted en la sierra luchando día a día por la seguridad de los ciudadanos de este pueblo, y del que yo a partir de ahora voy a formar parte.

-Muchas gracias, aunque tenemos pocos efectivos, los intento dispersar para hacer las batidas más necesarias. Será un honor que forme parte de este pueblo. Qué pase un buen día.

– Buenas tardes- dije yo,

Intenté salir lo más rápido posible de ese cuartel porque no quería que ese señor se enterase de que había sido atacado por los bandoleros, no podía denunciarlos, algo en mi interior me decía que no podía. Volví a la plaza donde me había dicho mi tío que estaría, la verdad que me equivoqué unas cuantas veces para llegar hasta la plaza.

Durante el camino, me volví a cruzar con aquella señorita, tenía que hacer algo para saludarla, era ahora o nunca. Pero la señora se puso a hablar con un señor que era muy amigo suyo por lo que decían en su conversación, que oportuna.

Llegué a la plaza, y mi tío continuaba hablando con el mismo señor que había visto yo antes desde el carro. Como no iba a quedarme deambulando por la plaza, decidí acercarme e intentar que mi tío me presentase a alguien del pueblo, porque aunque yo había venido muchos veranos, siempre estaba en el cortijo de mi tío y pocas veces bajaba al pueblo.

-Buenas tardes.-Dije yo para que mi tío se diese cuenta de que estaba allí.

-Buenas tardes, te presento al honorable alcalde de Calilla.

-Matías Navarro, alcalde de Calilla, para servirle.-Dijo el señor.

-Richard Raymond, sobrino de Alexander Hafly, para servirle.

-Bueno señor alcalde, nosotros nos vamos porque tenemos que empezar a organizar todas las cosas que ha traído de su viaje. Vaya con Dios.

– Buenas tardes.-Dije yo.

-Buenas tardes, vayan con Dios los dos.- Dijo el alcalde.

Subimos al carro otra vez para poder llegar al cortijo de mi tío que estaba a las afueras del pueblo. Cada vez había menos sol, y mi tío estaba asustado por sí volvían a atacar nuestro carro. Pero no fue así, llegamos al cortijo, nos adentramos en la casa y mi tío le ordenó al conductor del carro que entrase las cosas dentro de la casa.

La casa continuaba igual de elegante, como siempre, era la mejor casa que había visto en toda mi vida. Entramos en uno de cinco salones que tenía en la casa. Mi tío me dijo que me sentase porque me tenía que decir una cosa.

-Richard, Richard. Como has cambiado hijo mío. Ya has crecido lo suficiente para que yo pueda tomar esta decisión. Sabes que para mí eres como un hijo y confío mucho en ti. Eres joven y yo ya estoy mayor aunque no quiera creerlo.

-Tío no diga eso, usted está estupendamente-Le dije yo.

-Pero a mí todo esto me viene grande y después de tantos años fuera, quiero volver a casa, quiero volver a Edimburgo. Quiero mucho a este pueblo pero no me gustaría morirme en Calilla. Además antes de todo esto quiero viajar un poco, quiero ir a París, a Londres, a Roma, a Berlín…

-Y lo podrá hacer tío.

-Lo podré hacer. Por eso quiero dejarte todo este cortijo para ti. Eres joven y podrás llevarlo adelanto como yo lo llevé cuando llegué aquí.

-Tío no pienso hacerlo, es tu fortuna, es tu trabajo, es tu casa, es tu… Tú has trabajado durante muchos años para conseguir esto y yo no voy a ser el que te lo arrebate. Tienes la casa en Edimburgo, y no es pequeña que digamos, así que puedes vender esta e irte con el dinero que consigas y el que tienes lo utiliza para acabar de vivir la vida en Edimburgo, aunque te queda mucho tío.

– Tú eres mi único heredero.-dijo mi tío.

-Tío es tarde, el viaje ha sido muy largo, ya hablaremos esto en otro momento.-Me retiré a mi habitación.

-Buenas noches-dijo mi tío.

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