Calilla

DOP_Utiel_Requena

Pienso que la persona culta es aquella que tiene conocimientos, lee, va al teatro, sabe comportarse, entiende, sabe hablar varios idiomas…

Dicen que para que una persona sea recordada tiene que hacer tres cosas: 1. Plantar un árbol 2. Tener hijos 3. Escribir un libro.

Yo he decido hacerlo por el final. He decido empezar por escribir un libro, puesto que soy todavía muy joven para tener hijos. Mi libro se llama ‘Calilla’. Una historia apasionante. Todo lo que esperes de una novela lo encuentras en esta: amor desamor, misterios, dudas, peleas, aventuras…. Un combo de muchas cosas y con unos grandes personajes.

El personaje principal es Richard Raymond, sobrino de un rico comerciante escocés, Alexander Hafly, que viaja a Calilla, un pueblo creado por el autor, situado en la Comunidad Valencia. Allí le pasan grandes aventuras junto a personajes como María Pérez, el doctor domínguez, Manuel… Las cosas que van pasando son inesperadas.

Os tengo que avisar, el final, todavía no esta decido, ya que el libro tampoco esta terminado. Intento completarlo en mis momentos libres y en los cuales me siento inspirado.

Aquí os dejo alguna de las fechas en la que se publicará algún capítulo de Calilla:

-11 de Enero: Capítulo 1: La llegada.

– 1 de Febrero: Capítulo 2: Un paseo por el monte.

-22 de Febrero . Capítulo 3: La partida.

-15 de Marzo: Capítulo 4: Edimburgo, lugar lejano.

-3 de Mayo: Capítulo 5: Hasta siempre señorita.

-Capítulo 6 Primera parte: Tiempo. 24 de Mayo

-Capítulo 6 Segundo parte: Tiempo. 14 de Junio.

-Capítulo 7: Aire. 5 de Julio.

-Capítulo 8: Nubes. 26 de Julio.

Twitter @1frentealmundo Podéis opinar en #Calilla

Calilla. Tiene todos los derechos reservados por el autor Vicent Bañuls Carbó. Está terminantemente prohibido hacer copias o utilizar con fines económicos.

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Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

En esta página irán apareciendo los capítulos que previamente se hayan publicado.

Capítulo 1

La llegada.

Después de 6 meses de la muerte de mi madre, mi tío me convenció para ir a Calilla, un pueblo de Valencia, maravilloso. Con gente amable, casas preciosas, huertos llenos de naranjos y sobretodo el inconfundible olor del azahar.

Estaba en Edimburgo, donde me había criado. Me costaba abandonar una ciudad en la que había vivido tantas cosas: amores, desamores, nacimientos y lo que más me marcó en toda mi vida, la muerte de mi madre. Se llamaba Catalina, era la mejor madre del mundo. Mi padre desapareció cuando yo nací, desde entonces no quise saber nada de él, aunque en estos últimos años había intentado acercarse a mí. Por eso mi madre me tubo que criar sola, una mujer maravillosa, ella sí que podía ir a con la cabeza bien alta, no como mi padre que no sabía dónde estaba, ni tampoco me interesaba.

Después de 15 horas de viaje desde la última parada, ya estábamos pisando tierras de Valencia pero todavía quedaban 30 kilómetros. El viaje fue un encanto la verdad, solo sol. Lo que pasa es que la compañía no era del todo perfecta. Mi tío, Alexander,  era un rico comerciante inglés y desde pequeño había estado muy atado a él. Al ser rico, el me pago el viaje de ida, iba en su carro privado y mi tío aprovecho esa viaje para traer a uno de sus mejores trabajadores de Edimburgo.

El tiempo pasaba y cada vez nos acercábamos más a Calilla, se sabía por el olor inconfundible de azahar y porque cada vez había más gente. Pero hubo un momento en el que no había nadie, solo tres personas vestidas de monjes y con la capucha de su traje puesta. El conductor del carro se paró porque aquellas tres personas estaban obstaculizando nuestro paso.

-Perdonen señores ¿Se pueden apartar?- Dijo el conductor del carro.

-Claro- Dijo uno de los monjes.

Entonces uno se destapo e iba con la cara tapada y dijo:

– claro, cuando todos ustedes nos den las joyas que lleven encima.

El otro monje apuntándonos con una pistola nos hizo bajar a todos del carro, mientras uno de los otros dos hizo que el conductor del carro le diese todas las joyas.

-Bueno ahora finolis ya tenemos vuestras joyas así que ya os podéis ir-dijo un bandolero.

Estuvimos unos cinco minutos parados porque teníamos el susto en el cuerpo.

Yo, no estaba asustado, estaba alucinado, en ese enfrentamiento con los bandoleros observe que un bandolero no era un chico, era una chica, tenía unos ojos preciosos y lo demás no lo pude ver porque tenía el rostro tapado. El conductor del carro me llamó para subir al carro, quedaban solo cinco minutos para llegar a Calilla. Esos cinco minutos me pasaron muy rápidos porque estuve todo el rato pensando en esa bandolera de los ojos preciosos.

Llegamos a la plaza mayor de Calilla, todas las mujeres que pasaban y estaban limpiando en el lavador, se levantaron para ver el carro tan sofisticado que llegaba a la plaza. De allí bajé yo, Richard Raymond, el sobrino del Alexander Hafly. En una esquina de la plaza hablando con un señor que tenía pinta de ser alguien importante, estaba mi tío. Cuando me vio, se vino a buscarme.

-¡Richard! ¿Cómo estás? ¿Qué tal el viaje?- Dijo mi tío.

– Tío Alexander- Le abracé- Muy bien, el viaje un encanto excepto por – En ese momento me paré. Entre tanta gente en la plaza, vi entrar por una de sus calles a una señora vestida muy elegantemente y en ese momento cruzamos las miradas y me di cuenta de que era ella, la bandolera que nos había atacado.

– ¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

– Nada… el sol que nos daba mucha calor y el trayecto ha sido muy largo para hacerlo todo de una tirada.- Intenté defenderme como pude.

-¿Has traído las joyas que te dije que me trajeses de mi casa?

– Bueno… Sí, las joyas… están…

-¿Dónde están las joyas?- Dijo rotundamente mi tío.

– Está bien tío. El por de antes  era porque cuando hemos llegado a lo que supongo que serán las afueras de Calilla, unos bandoleros vestidos de mojes nos han atacado y nos han quitado las joyas por eso hemos llegado un poco más tarde de lo previsto.

-¿Por qué no me lo has dicho nada más has llegado? Voy a saludar a tu acompañante e iré rápidamente al cuartel a denunciar ese robo y ataque de los bandoleros, o mejor ve tú. Así conocerás mejor el pueblo.

-Pero, tío no sé dónde está la comisaría. He pasado muchos veranos aquí pero no para saberme como es el pueblo de memoria.

– ¿Ves la calle donde está esa mujer rubia muy guapa? Pues tienes que ir por esa calle todo recto hasta el final, cuando llegues al final giras a mano derecha y ya la verás.

– Vale tío, y ¿Cómo se llama la señorita esa?

– Cuando vuelvas te lo diré, no quiero que te entretengas con nadie, cuando más rápido avises a la policía mejor para todos. Cuando llegues a la comisaría di que eres mi sobrino.

-Vale, eso haré, Adiós.

Me fui por donde me dijo mi tío y en la esquina estaba aquella chica, era más preciosa de cerca, intente tropezar con ella para que así nos pudiésemos presentar pero al verme acercarme a ella, se adentró en una panadería que había. Yo continué mi camino hasta el cuartel de la Guardia Civil, no me acordaba de lo bonito que era ese pueblo. Llegué al cuartel, allí estaba un Guardia Civil. Entré, y ese hombre me miró de arriba abajo, se ve que en ese pueblo no solía haber mucha gente vestida con la ropa que yo llevaba.

-Buenas Tardes. Mi nombre es Richard Raymond, soy el sobrino del Señor Alexander Hafly.

-Buenas tardes, Bienvenido sea al Cuartel de la Guardia Civil y al pueblo de Calilla, mi nombre es Roberto Rodríguez y soy el capitán de la Guardia Civil de este pueblo. ¿Cómo que eres el sobrino del Señor Alexander Hafly? Tu tío es uno de los señores más respetador de este pueblo y gracias a él mucha gente de este pueblo tiene trabajo.- Dijo el capitán.

– Lo sé, pero él no ha podido venir ahora porque tenía que hacer unas cosas mientras yo venía a comunicarle, que en mi viaje de ida a Calilla he podido observar la cantidad de efectivos que tiene usted en la sierra luchando día a día por la seguridad de los ciudadanos de este pueblo, y del que yo a partir de ahora voy a formar parte.

-Muchas gracias, aunque tenemos pocos efectivos, los intento dispersar para hacer las batidas más necesarias. Será un honor que forme parte de este pueblo. Qué pase un buen día.

– Buenas tardes- dije yo,

Intenté salir lo más rápido posible de ese cuartel porque no quería que ese señor se enterase de que había sido atacado por los bandoleros, no podía denunciarlos, algo en mi interior me decía que no podía. Volví a la plaza donde me había dicho mi tío que estaría, la verdad que me equivoqué unas cuantas veces para llegar hasta la plaza.

Durante el camino, me volví a cruzar con aquella señorita, tenía que hacer algo para saludarla, era ahora o nunca. Pero la señora se puso a hablar con un señor que era muy amigo suyo por lo que decían en su conversación, que oportuna.

Llegué a la plaza, y mi tío continuaba hablando con el mismo señor que había visto yo antes desde el carro. Como no iba a quedarme deambulando por la plaza, decidí acercarme e intentar que mi tío me presentase a alguien del pueblo, porque aunque yo había venido muchos veranos, siempre estaba en el cortijo de mi tío y pocas veces bajaba al pueblo.

-Buenas tardes.-Dije yo para que mi tío se diese cuenta de que estaba allí.

-Buenas tardes, te presento al honorable alcalde de Calilla.

-Matías Navarro, alcalde de Calilla, para servirle.-Dijo el señor.

-Richard Raymond, sobrino de Alexander Hafly, para servirle.

-Bueno señor alcalde, nosotros nos vamos porque tenemos que empezar a organizar todas las cosas que ha traído de su viaje. Vaya con Dios.

– Buenas tardes.-Dije yo.

-Buenas tardes, vayan con Dios los dos.- Dijo el alcalde.

Subimos al carro otra vez para poder llegar al cortijo de mi tío que estaba a las afueras del pueblo. Cada vez había menos sol, y mi tío estaba asustado por sí volvían a atacar nuestro carro. Pero no fue así, llegamos al cortijo, nos adentramos en la casa y mi tío le ordenó al conductor del carro que entrase las cosas dentro de la casa.

La casa continuaba igual de elegante, como siempre, era la mejor casa que había visto en toda mi vida. Entramos en uno de cinco salones que tenía en la casa. Mi tío me dijo que me sentase porque me tenía que decir una cosa.

-Richard, Richard. Como has cambiado hijo mío. Ya has crecido lo suficiente para que yo pueda tomar esta decisión. Sabes que para mí eres como un hijo y confío mucho en ti. Eres joven y yo ya estoy mayor aunque no quiera creerlo.

-Tío no diga eso, usted está estupendamente-Le dije yo.

-Pero a mí todo esto me viene grande y después de tantos años fuera, quiero volver a casa, quiero volver a Edimburgo. Quiero mucho a este pueblo pero no me gustaría morirme en Calilla. Además antes de todo esto quiero viajar un poco, quiero ir a París, a Londres, a Roma, a Berlín…

-Y lo podrá hacer tío.

-Lo podré hacer. Por eso quiero dejarte todo este cortijo para ti. Eres joven y podrás llevarlo adelanto como yo lo llevé cuando llegué aquí.

-Tío no pienso hacerlo, es tu fortuna, es tu trabajo, es tu casa, es tu… Tú has trabajado durante muchos años para conseguir esto y yo no voy a ser el que te lo arrebate. Tienes la casa en Edimburgo, y no es pequeña que digamos, así que puedes vender esta e irte con el dinero que consigas y el que tienes lo utiliza para acabar de vivir la vida en Edimburgo, aunque te queda mucho tío.

– Tú eres mi único heredero.-dijo mi tío.

-Tío es tarde, el viaje ha sido muy largo, ya hablaremos esto en otro momento.-Me retiré a mi habitación.

-Buenas noches-dijo mi tío.

Capítulo 2

Un paseo por el monte.

Después de esa conversación de anoche, me desperté, me vestí y fui al comedor a desayunar. Mi tío estaba allí y estaba con una cara un poco mala.

-Tío ¿Qué te pasa?

-He estado toda la noche pensando en la preposición que te hice ayer y la contestación que me diste y puede ser que tengas razón. Pero si vendo esto tú te quedaras sin casa.

– Tranquilo tío, me las apañaré. Si tú pudiste crear fortuna de la nada, yo ya me las apañaré para crear fortuna pero yo quiero que seas feliz y que vivas tú sueño que es visitar esos países. Tema zanjado. Vamos a desayunar tranquilos, quiero que hagas esto. Yo mismo me encargaré de poner en venta este cortijo y buscarle un comprador.

Desayunamos muy tranquilos, y conversamos de cómo había sido mi último mes en Edimburgo.

Después de desayunar mi tío me dijo que tenía que bajar al pueblo y que si lo quería acompañar, yo dije que sí, obviamente. También me dijo que me presentaría a gente. Yo esperaba que hoy fuese el día en el que me presentase a esa mujer de los ojos preciosos.

Llegamos al pueblo y mi tío se fue al ayuntamiento porque quería comentarle la noticia al alcalde que era muy amigo suyo. Mientras yo, otra vez, volvía a estar solo en la plaza del pueblo y volvía otra vez a estar muy observado por las señoras que estaban limpiando la ropa en el lavador.

Decidí darme la vuelta para irme por una calle que tenía justo detrás para ver que había, fue cuando me giré, cuando tropecé con una mujer.

-Disculpe señora no era mi intención, es que soy nuevo en el pueblo y mi tío está ahora en el ayuntamiento reunido con el alcalde y no conozco nada de aquí. Tampoco me esperaba que estuviese usted ahí.

-Tranquilo, no pasa nada, ¿Señor?

-Raymond, Richard Raymond, sobrino de Alexander Hafly. ¿Con quién tengo el gusto de hablar?

-Con la Señorita María Pérez.

-Encantado de conocerla. ¿No le apetecería dar una vuelta por el pueblo y explicarme cosas sobre él ya que soy nuevo por aquí?

María y yo empezamos a dar esa vuelta por el pueblo. Era una mujer rubia, de piel blanca, con los mofletes siempre un poco sonrojados. Me descubrió muchas cosas del pueblo. Pero yo también descubrí una cosa. Era la bandolera que me atacó en el camino.

Mientras mi tío estaba en el ayuntamiento reunido con su amigo.

-Matías le prometo que no ha pasado nade entre su mujer y yo, se lo prometo. Si usted y yo somos amigos desde que yo llegué al pueblo, no sería  capaz de traicionarlo.

-¿Y porque ayer estaban tan cariñosamente mi mujer y usted?-dijo el Señor Navarro.

-¿Pero cuando? Si yo ayer por la noche estaba en mi casa ayudando a mi sobrino a instalarse correctamente. Sería otro. Se lo prometo.

Yo continuaba con el paseo, María era una chica perfecta. Era culta, educada, simpática, graciosa… Todo lo que un hombre puede desear de una  mujer. Pese a ser perfecta, no estaba del todo cómodo paseando con ella porque sabía que era una criminal y que era ella junto a sus compañeros los que me habían atacado en mi viaje hacia Calilla. Llego el momento de separarnos, prometimos que repetiríamos ese paseo.

Estaba en la plaza de la Iglesia, donde había acabado el paseo con la Señorita María, y una mujer vino corriendo hacia mi muy desesperada diciéndome:

-¿Es usted el sobrino del Señor Alexander Hafly?-Dijo la señora.

-Sí. ¿Pasa algo?

-Señor, lo siento mucho, no esperábamos que pasase eso, acompáñeme a la plaza mayor, me temo que su tío… Ya lo verá. Vamos-Dijo la señora.

Los dos salimos corriendo hacia la plaza Mayor, la expectación era máxima. Estaba la Guardia Civil y el que sería el médico del pueblo. Me invitaron a entrar, yo acepté porque algo estaba pasando con mi tío y no sabía lo que era, aunque me temía lo peor. Entre allí y tirado en el suelo con una bala en el pecho estaba mi tío Alexander. Yo me puse a llorar y a gritar. ¿Por qué tenía que haber sido él? Estaba en su momento de felicidad, iba a cumplir su sueño. ¿Toda la vida haciendo fortuna para esto? Después de un rato llorando, sin separarme del cuerpo de mi tío y todavía sin poder creerme que  lo habían matado, le pregunté a uno de los Guardias si sabían quién lo había matado, me contesto que no porque en la habitación solo estaban el Señor alcalde y él. En ese momento me levante, fue el único momento en el que me separé de él, y dije que por las buenas o por las malas iba a encontrar al asesino de mi tío.

Pasó un mes de la muerte de mi tío, el entierro fue multitudinario, todo el pueblo fue a darle el último adiós a mi tío. Yo todavía estaba derrumbado, pero sabía que mi tío me ayudaría para ser fuerte. A partir de ahora me tenía que apresurar para poder encontrarle un comprador para este cortijo, era demasiado grande para mí solo. Aparte de eso no solo tenía que vender el cortijo sino que también mi tío me había dejado millones y millones de monedas de oro para mí solo. No lo iba a rechazar obviamente. A ver, era dinero, bueno mucho dinero, pero cuando me daba cuenta de su procedencia no era tan feliz.

Cuando vendiese esta casa me quería ir de Calilla, quería irme a París, la ciudad del amor. Después de un mes, me decidí que ya era hora de bajar a la plaza y hacer frente a todas aquellas personas que empezarían a hacerme preguntas inoportunas. Llegué a la plaza, mis expectativas no habían fallado, todo el mundo se acercó para preguntarme como estaba y saber que iba a hacer ahora. Entre tanta oscuridad por toda esa gente, vi una luz blanca, vi a la señorita María Pérez. Me fui hacia ella.

-Buenos días señorita Pérez. Veo que usted está hoy más radiante que nunca.

-Buenos días señor Raymond. Tutéeme, se lo ruego. No me diga esas cosas que al final me va a sonrojar- Contesto María.

-Cómo quieras María. Hace un buen día hoy ¿Verdad? El clima perfecto para acompañar a una bella dama a tomar un paseo por los alrededores de Calilla, ¿No le parece?

-Verdad es, hace un clima perfecto y como usted ha dicho dar un paseo hoy con buena compañía es lo mejor que puede esperar una mujer.-Contesto la señorita María ante tal preposición.

María y yo empezamos nuestro paseo. Caminamos un poco, hasta llegar a una explanada debajo de un árbol. Allí nos sentamos los dos.

-Ya llega el invierno y por estas tierras el frío no se nota mucho, pero se sabe por las hojas de los árboles que se notan que ya van a caer- Dijo María.

– En Edimburgo, por estas fechas ya llegan las primeras nevadas y hay muy poca vida por la calle. Pero esa ciudad es realmente encantadora. Pero bueno, no hablemos de mí, hablemos de ti. María, solo sé muy poco de ti, no sé a qué te dedicas, no sé si estas casada, donde vives, que esperas de la vida.

-Muchas cosas pero tenemos tiempo para hablar. Bueno yo también soy de fuera, soy de un pequeño pueblo de Andalucía. Me vine aquí pues como todos, a buscar fortuna, además amo la costa valenciana, es preciosa. La verdad que mis expectativas se han cumplido, soy dueña de uno de los viñedos más famosos de esta zona, la bodega Pérez. No estoy casada, ni tampoco comprometida con nadie, no creo en el amor.-Me contó María.

-¿Cómo que no crees en el amor?

-Lo que te voy a contar no se lo cuento a todo el mundo, solamente a la gente en la cual confío. Cuando era pequeña vivía en mi pueblo, era hija de un pastor, según todos los del pueblo muy honrado, pero eso solo era a partir de fuera de casa porque dentro a mi madre le pegaba e intento violarme a mí en reiteradas ocasiones. Por eso no creo en el amor. Porque casarse es solo un paripé y en ocasiones las mujeres se casan con los hombres por solvencia económica y realmente no les quieren.- Dijo María.

– Parece ser que los dos nos hemos criado con una figura paterna bastante mala, el mío nos abandonó a mí y a mi madre cuando yo nací. María, ¿Por qué me hiciste eso?

-¿El qué? No sé de qué me hablas.

-Venga, vamos, no mientas. Entre los tres bandoleros que me atacaron cuando iba en el carro me fijé en tus ojos y desde entonces día y noche no he parado de pensar en ellos. ¿Por qué me habéis atacado a mí?

Hubo una larga pausa hasta que María se decidió a contestar.

– Bueno veo que has sido astuto que los migueletes. Pertenezco a una banda de bandoleros en la cual luchamos por las injusticias. La gente del pueblo tiene una mala idea de nosotros y piensan que todos los asesinatos que ha habido en esta comarca han sido causados por nosotros, pero no es así la mayoría de las veces ha sido causado por los capitanes corruptos que dirigen el cuartel de este pueblo y como escusa muy fácil han dicho que han sido los bandoleros. Pero no es así. Estamos en contra de la gente rica corrupta, y nos enteramos de que iba a venir un alto cargo de la Comandancia de la Guardia Civil a Calilla a reunirse con el señor Rodríguez, el capitán de la Guardia Civil de este pueblo y un mafioso más. Pensábamos que era tu carro el carro en el que iba ese señor por eso te atacamos.

-Entonces ¿Llevas una doble vida?

– Si, aparte de ser la bodeguera más importante de la comarca, también soy una bandolera que actúa al margen de la ley. –Dijo María.

-Pero actuáis por buenas causas.-Proteste yo.

-Dejemos el tema, no quiero hablar de eso, no quiero que se entere nadie de esto, por favor prométeme que no se lo dirás a nadie.-Me dijo María.

-Prometido, seré una tumba, te lo prometo y si me necesitáis para algo no dudéis en decírmelo.

-No lo dudaremos. Sé que eres una buena persona. Un vecino del pueblo me ha dicho que quieres vender el cortijo de tu tío e irte a París. ¿Es eso verdad? Porque sería una lástima perder a un chico tan refinado y elegante como tú.

-¿Me estas tirando los tejos? No, de momento no pienso irme de aquí y después de conocerte, las posibilidades de irme disminuyen día a día.-Le conteste yo.

En ese momento llegó el segundo momento que más esperaba en mi estancia en Calilla, el beso con esa señorita. Lo conseguí.

-Tengo que irme, todavía tengo unos asuntos que aclarar relacionados de los viñedos, ya nos veremos.-Dijo María mientras se iba.

Era en ese momento la persona más feliz del mundo. Gracias a eso había decidido no vender el cortijo de mi tío y quedarme aquí. Pero la duda me volvía a asaltar. Si María no estaba casada ni comprometida, ¿Por qué se fue de esa forma cuando la besé? No sabía porque, ese pensamiento me estaba comiendo la cabeza.

Me fuí a la plaza mayor para retirar el cartel de venta del cortijo. Allí me encontré con Rafael, un chico que había conocido hace muchos años. Ya me acuerdo cuando lo conocí, fue la primera vez que hable con él y es una de las pocas personas que había hablado durante mis muchas vacaciones en Calilla. Nos pusimos a hablar, a recordar viejos tiempos… Él era el Duque de Castilla, o al menos eso decía porque mi tío me dijo, que él no vivía en ningún palacio y que eso era una tapadera para poder vivir felizmente así. Hablando, hablando se nos hizo muy tarde y yo me volví solo al cortijo en esa noche nublada.

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